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“Era nuestro Messi”…Qué fue de Salvador Cabañas, el brillante goleador paraguayo al que un balazo le destrozó la carrera

Written by on Junio 12, 2020

“Chava” , que jugó en Chile, fue atacado en una discoteque de México. Perdió su fortuna y hoy sueña con ser entrenador.

Cabañas le anotó a Chile en el Estadio Nacional.

Salvador Cabañas vivía el mejor momento de su carrera. Brillaba con el América de México, lo querían de Europa y era el cañorero que ilusionaba a Paraguay para la Copa del Mundo de Sudáfrica. Sin embargo, su destino se torció en enero de 2010.

Tras una derrota con las Águilas, fue junto a su esposa y unos amigos a pasar el rato a una exclusiva discoteque de Ciudad de México. Iban a ser las seis de la mañana cuando se levantó para ir al baño. Allí, en un confuso incidente, tuvo un diálogo áspero con un reconocido narcotraficante y segundos después se escuchó un balazo. La bala entró por la frente del futbolista y se alojó en el lóbulo izquierdo de su cerebro. Hasta hoy, sigue en su cabeza. Pasó diez días en coma.

“Chava”, como le apodan, era un delantero regordete y de pegada de hierro que arrasaba con todo en su camino al arco. Le costó llegar a la cima. Tras un debut poco auspicioso en suelo guaraní, se vino a Chile buscando el éxito con la camiseta de Audax Italiano. Y lo logró. De La Florida pasó a México. Antes del ataque, confesó que tenía un acuerdo con el Manchester United.

“Era nuestro Messi, nuestro Maradona. Con Cabañas el equipo jugaba diferente. Gerardo Martino tuvo que buscar la variante, cambiar el sistema de juego. Fue una gran pérdida para el equipo”, expresó Elvio Paolorroso, preparador físico de la selección paraguaya.

Pese al temor de los médicos, volvió a jugar en la segunda división de su país con el 12 de octubre, pero solo estuvo dos partidos. Luego lo intentó en el Club Deportivo Tanabí, de los confines del profesionalismo en Brasil, y se le recuerda por haber fallado un penal en el último minuto. Ahí se cansó y anunció que no jugaba más.

Los problemas se sucedían uno tras otro. Su esposa le pidió un millonario divorcio luego de descubrir una infidelidad de antes del atentado y su representante hizo desaparecer varios millones de la cuenta bancaria. Tuvo que volver a vivir a la casa de sus padres y ayudaba en la panadería que tenían.

“Antes él era amigo de todos, pero ahora que está así, nadie se aparece ni para decirle hola”, comentaba su padre Dionisio.

Tras años convulsos, hoy está relativamente tranquilo. Colabora en el entrenamiento de un modesto equipo de Itagua y sueña con ser entrenador. En los bancos espera encontrar la redención.

“Aquí estoy, tratando de recuperarme. Todavía tengo mucha fe, a pesar de perderlo todo. He perdonado a los que me lastimaron y eso me da paz. Solo puedo agradecer a Dios por darme una segunda oportunidad y sigo disfrutando de mi vida”, ha dicho.


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